Cosecha Roja: Un par de cosas (1991-2000)

No tengo nada más que un par de cosas que decir / Sé que no son muchas, pero nadie las dirá por mí”. Con estos dos versos de “Un par de cosas”, tema que no por casualidad da título al disco, se puede resumir el espíritu de Cosecha Roja. Humildes, sencillos, a la vez que malditos, proscritos. Como los personajes de sus canciones. Como esa voz en primera persona, la de Carlos Rego, que se convierte en narrador subjetivo y con el que - por fuerza - nos identificamos todos los seres humanos o inhumanos, las personas de carne y hueso, el hombre común, de la calle, sencillo, efímero, a la vez que grandioso. Y resume perfectamente el sentido de la creación artística -esa necesidad de expresión personal, de comunicación, más allá del virtuosismo épico o técnico-, así como el espíritu de la banda ourensana. Quizá empezaran a crear y tocar canciones, ese “par de cosas”, porque nadie se iba a acordar de ellos, nadie iba a decirlas “por mí”. De esa necesidad de visibilizarse en el espacio-tiempo hablan muchas de las canciones del grupo. El mainstream siempre los había relegado a un discretísimo segundo plano, por no decir tercero o cuarto, cuando en realidad merecían mucho más. Pero el tiempo y los corazones de sus seguidores los han ido colocando en un lugar de culto, un sitio privilegiado en las vitrinas de las bandas “malditas” e hiperarchialternativas, pero sobre todo, a salvo del polvo que estas calificaciones levantan, en un sitio privilegiado y siempre esplendoroso en nuestros corazones.

Hermosas y armónicas por fuera, crudas y descarnadas por dentro. Así se podrían describir también sus canciones, en las que una música celestial puede envolver el mensaje más duro, resignado y decadente que te puedas echar a la cara, cantado con la voz ruda y áspera de Rego: “Hoy hace seis días / que empezó a llover / Y por lo que veo sólo acaba de empezar, / Debe ser esto lo que hace tan bonita mi ciudad / Lo que le pudre las entrañas sin dejarla respirar...” Toma descarga directa al corazón. “Puede que las malas noticias que no dejan de llegar sean la razón de esta tristeza que ahora no me quiere abandonar, que parece que no me abandonará...” Sin comentarios.

Al final su propia condición de grupo “maldito” les ha embargado hasta tal punto que lo han hecho parte de su ser, y de sus canciones, incorporándolo muchas veces con ironía a sus letras, como, sin ir más lejos, en la misma “Maldito”, en la que una supuesta felicidad (tranquilidad?) conquistada al fin les lleva a reconsiderar el significado de la palabra: “Esto es ser feliz, si lo sé no me esfuerzo tanto, vaya por dios, quién me lo iba a decir”. Jugando con frases hechas y lugares comunes sobre esa condición del cascarrabias al que ni los buenos tiempos le hacen cejar en su melancolía. Aún siendo la canción que más explícitamente habla de ello, podríamos decir que es la más suave, por el tratamiento, de entre las llamadas canciones “malditas”, que si trazamos una estadística, no son las más abundantes tampoco. Canciones como “Vacaciones Permanentes” también tratan con un punto de ironía y resignación divertida sentimientos negativos, esta vez una directa y a la vez sutil invitación al suicidio. Para malditas de verdad, la ya mencionada “Seis Días”, la despiada con cualquier mirada nostálgica “Aquellos Maravillosos Años”, la, en opinión de Carlos, eterna adolescente “Pierdo el tiempo”, o la bellamente trágica “Llueve sobre mojado”, perteneciente a “Conducir Despacio” (1997), que a mí me parece su “Wish you were here” particular y que debería haber aparecido en el recopilatorio. Ya como Burgas Beat, “Harto”, “Barrio”, “Revival”, o “Gaviotas”, que incide al igual que “Seis Días” en la identificación del personaje con la ciudad, ambos rodeados de ese aura maldita del que no se desprenden.

Luego hay canciones en tierra de nadie, o cuyos sentimientos son tan ambivalentes que podrían pertenecer a varias de las clases, porque, por otra parte, todo sentimiento tiene también su reverso negativo. Así, “Un par de cosas”, incidiendo en ese malditismo proverbial, esa resignación enérgica que lleva a hacer cosas, conlleva algo de optimismo, porque, efectivamente, el protagonista se levanta y se mueve para decirlas. Más claro aún está ese “optimismo”, siempre entre comillas, en canciones que, de forma más transparente, dejan entrever visos de esperanza, una esperanza ligada a la amistad o al amor: “Despedida”, “Cicatrices”, “Se puede decir”, “Corazoncito”, o, ya en la época de Burgas Beat, “Para eso” y “Buenos Propósitos”. En todas ellas se hace patente la esperanza, en que algún día todo volverá a la normalidad, o se alcanzará un cierto estadio de felicidad, muchas veces vinculada a la tranquilidad o la estabilidad emocional y sentimental. En “Se puede decir”, “tenerte a mi lado es más de lo que nunca había soñado”, un bastón de apoyo para el narrador; mientras que en “Despedida”, es él mismo el que se pregunta cómo ayudar al prójimo, al amigo del alma al que con el corazón en la mano, se plantea “qué puedo decir, que sirva de algo, que ayuden a que los días sean menos largos”, y a que, en total identificación, “parte de tu dolor se vaya con el mío”. Y en “No puede ser verdad”, “una voz que me habla desde dentro, me dice a gritos que a tu lado estoy mejor”. Aunque ésta ya es de otra variedad. La última temática.

El ambiente mágico del Auriense.
La que encontramos en canciones que podríamos llamar “exultantes”, que, paradójicamente, resultan ser la mayoría en esta colección, donde el sentimiento de euforia es notable, y que pueden subdividirse a la vez en dos: las “rebeldes”, en las que la voz lírica se rebela contra otro, el enemigo, la sociedad, un ambiente de conformismo generalizado (“Nada más”, “Se acabó”, “Nido de Serpientes”, y, como Burgas Beat, “Barrio”), o bien contra uno mismo, contra el sentimiento de confusión y fatalismo, de completa depresión o nihilismo (“Nuevos caminos”, “Un millón de kilómetros”), en los que aún “se cree que se puede ser feliz”; y las “de amor”, en las que éste es el principal acicate que mueve a la voz lírica: “Un millón de besos”, “Recordarte o morir”, “Violines y campanas”, “El asiento de atrás” o “Entre tus brazos” (éstas dos últimas, además, impregnadas de erotismo). La euforia desmedida también se manifiesta en los títulos de las canciones: “Un millón de besos”, “Un millón de kilómetros”, cantidades no mensurables, sentimientos incontenibles, vitalismo sin límite. La decisión de cortar con el pasado, de emprender “nuevos” horizontes, también: “Nada más”, “Se acabó”, “Nuevos caminos”.

Un apunte aparte merecen las letras de Dofo, “lector voraz”, pues, si bien a Rego se le llama “el poeta” del grupo”, aquel tiene, en palabras del primero contenidas en el libreto, “una carpeta llena de escritos”, que algún día “formarán un disco completo de Burgas Beat”: la plácida y entrañablemente feliz “Recordarte o morir”, y la serpenteante “Nuevos caminos” son algunas muestras de su estilo.
¿Y qué decir de la música? Que el poderío eléctrico de Dofo y la contundente sección rítmica del tándem Aser-Amadís no le van a la zaga a la pluma de Carlos. La guitarra de Javi establece un diálogo fluido con la voz, riffs como los El Asiento de Atrás, Nuevos Caminos, Nido de Serpientes, Nada más, Se acabó, No puede ser verdad, hacen vibrar por sí solos, o los arreglos acompañando a la voz en Corazoncito, Cicatrices, Aquellos Maravillosos Años, Un par de cosas, Recordarte o Morir, Un millón de kilómetros, Demasiado Tarde, Pierdo el tiempo; mientras que sacudidas eléctricas como en Seis Días, Un millón de besos, Violines y Campanas,o Entre tus brazos, nos hacen recordar a gente como a los Jayhawks, o a los mismísimos Neil Young y los Crazy Horse. Feelies, Television y los Modern Lovers se cuentan entre sus más reconocidas influencias, aunque al arriba firmante además temas deliciosos como Demasiado tarde o No puede ser verdad le suenan a la etapa más pop, en el mejor sentido de la palabra, de los mejores The Cure. El intermedio eléctrico de la impresionante Seis Días tiene reminiscencias de Wilco, y la emocionante Un millón de besos, una “canción de amor” que, como todas las de Cosecha Roja, supera el tópico empalagoso, podría haberla cantado Boy Elliott (por lo que tenemos que establecer similitudes dentro de la escena de Ourense, con compañeros de escuela: las mismas influencias?; seguramente escuchaban lo mismo...).

El poderío de Dofo.

Complicidad...
El directo de Cosecha Roja, que no conocía, es igual de epatante que sus discos. Amadís no pierde de vista a un Rego con el que demuestra total compenetración, este último mostrando un absoluto despliegue de energía y sensibilidad en el escenario, cerrando los ojos y al instante abriéndolos para brincar y hacernos brincar con descargas eléctricas, dialogando siempre con los otros dos guitarras. Los solos de Doforno marcan la diferencia, y Aser, siempre en la retaguardia, escoltando fielmente... La iluminación y el sonido perfectos, el ambiente mágico del Auriense hizo el resto...

Sacudidas eléctricas!!!!!

Desde lo más alto...

... hasta lo más bajo.
En definitiva, el resultado de toda una década de canciones (1991-2000), recogido en un solo disco, una edición de lujo, con fotos, diseño y maquetación de Amadís, comentarios de locutores como Juan de Pablos, fiel incondicional del grupo, críticos como Eduardo Ranedo o Fernando Gegúndez, y del propio Carlos Rego, que echa la vista atrás y da someros detalles de la grabación de cada uno de los temas, la vida de cada canción antes, durante y después de su gestación, demostrando que la historia de este grupo es orgánica y en constante cambio, grabando y regrabando lo que no les gusta, más vivos que nunca; y en una sola noche, en la que los Burgas Beat volvieron a sus inicios como Cosecha Roja, adoptaron de nuevo el nombre del que habían renegado supersticiosamente por el aura de malditismo que traía, y se dieron cuenta de que no les venía tan mal. Una noche en la que sonaron fuertes, eléctricos, vigorosos, como son sus canciones, a pesar del mensaje que transmiten, a pesar de su aire siempre de “normalidad”, como la que transmite Rego, que, con ser un “tipo normal”, como canta en “Un millón de kilómetros”, y adoptar ese aire campechano y dicharachero que le hace cantar las cosas más tristes con la mayor naturalidad (como en “Seis Días” o, con una dulce melodía de piano de juguete, tal si fuera una nana, en “Harto”), haciendo un millón de comentarios socarrones entre canción y canción -entre referencias a La Región, periodicucho local, a los 091, y a sus amigos de siempre-, es capaz de acertar en el centro de nuestro corazón, con las palabras y el tono precisos, o como decía Eduardo Ranedo, de Ruta 66: “¿Cómo es posible que un tipo tan cordial como Rego escribiera aquellas cosas?”

Carlos Rego, cantante, guitarra rítmica y letrista.

Javier Doforno, "Dofo", guitarra principal.

"Amadís", bajo.

Aser, batería.
Sin embargo, lo mejor de aquella noche no fue la noche en sí, su presente, ni el hecho de recordar, nostálgicamente, el pasado, aquellos maravillosos años”, por otra parte tan vilipendiados por Carlos, sino el futuro que se nos abre, a los que no conocíamos a tan magnífica banda o sólo la conocíamos como Burgas Beat. Ante nosotros se nos abre ahora, gracias al disco que se nos dio de regalo con la entrada, y a la discografía descargable del blog que se nos facilita dentro, un vasto mundo de canciones en el que explorar. Sin querer ofender, el ambiente de aquella noche me pareció algo “decadente”; poca gente, sobre todo poca gente joven, salvo algunas excepciones (los Annie Hall, que versionaron en su día Vacaciones Permanentes, estaban representados): es decir, los mismos de siempre, un círculo demasiado cerrado, como lo que pintan en las canciones; probablemente por la poca publicidad que se dio al concierto (servidor se enteró el día antes por una breve reseña en La Voz de Galicia, e hizo rápidamente y sin dudarlo la maleta desde Santiago) y el hecho de haber suspendido la anterior cita. Hay que hacer un segundo concierto, con más promoción, con el público joven que, como yo, les acaba de descubrir en disco, y ahora es capaz de gritar las canciones de siempre que les encumbraron, y que les he merecido el calificativo de “mejor banda de rock-pop de Ourense”, por encima de Suaves, metaleros y heavitronchos varios, y demostrando que Auria tiene otra faceta de buen rock adulto. Para mí, todo un descubrimiento. Cosecha Roja, una eterna promesa.







La hermosa discografía de Cosecha Roja es inencontrable en su estado original, pero está disponible en el fantástico blog Digivinyltal:
Además se está reeditando disco a disco en el blog del extinto fanzine 18 Rodas, con entrevistas y fotos de la época:
http://18rodas.blogspot.com/search/label/Cosecha_Roja
Para saber de dónde vienen:
http://www.ourenseunderground.blogspot.com
Y para saber qué son ahora:
http://burgasbeat.blogspot.com/
Rock and roll oh yeah!!!
***
Jorge de la Calle
Crea tu insignia
!-->!-->
