Del 24X al 15O: Sol nos iluminó la noche de un 15 de octubre
Yo fui uno de lxs asistentes a la manifestación convocada en Madrid este 15 de octubre. 600 kilómetros desde mi Galicia natal, para visitar mi Madrid soñado, aquél que se me abría desde jovencito como la tierra de las oportunidades, aunque de unos años a esta parte ha dejado de ser eso e ingresar en la bolsa de las ciudades sin sueño, en contacto con la cruda realidad. Pero el fin de semana pasado conseguimos soñar de nuevo por unos momentos. La sociedad civil demostró que hay que caminar unida para combatir al verdadero enemigo: un sistema que, como dice la masa de ciudadanxs que los de siempre se obstinan en llamar indiscriminadamente "antisistema", es realmente el verdadero "antipersonas". Distintas ideologías, sensibilidades e individuxs dejaron en casa egocentrismos y, sin perder su identidad, fueron de la mano exigiendo un cambio global a políticxs y banquerxs. Ésta es mi crónica particular.
Quise pasar por Sol antes de que comenzara la manifestación desde Cibeles. De hecho muchxs ya iban directamente allí, para no perder la asamblea y los distintos actos que tendrían lugar al final, así como la lectura del manifiesto. La plaza era un hervidero de gentes, del más variopinto, que bullía de actividad y agitación a medida que avanzaba la tarde y se acercaba la hora mágica de las seis: "Cariños, os puedo ayudar en algo???", decía un chaval gay andaluz que formaba parte de la Comisión de Respeto, a los de la Comisión de Acción, que daban los últimos retoques a unas pancartas antes de salir para la marcha. Mientras, los de Comunicación, entre los que se encontraba mucha gente mayor, custodiaban las miles de firmas de decenas de peticiones distintas, que, bajo la carpa informativa, se escondían del Sol que, como una metáfora de la plaza, iluminaba con fuerza a lxs viandantes. Un jubilado se acercaba y decía: "Donde está esta petición? Que la quiero firmar... Pero esta es la misma que la otra!!!" Un mapa dibujado por lxs de la Comisión de Arte ilustraba todos las convocatorias que alrededor del mundo había, más de 900 ciudades en casi 100 países diferentes. Y los lemas reivindicativos se acumulaban al pie de la estatua de Carlos III, algunos ya conocidos y popularizados masivamente, otros completamente originales y muestra de la creatividad personal. Sabía que ese día no iba a ver Sol, si quería partir de Cibeles, y que muy probablemente fuera la única vez en mi vida que vería la plaza así, repleta de proclamas, de movimiento y de espíritu revolucionario. Por eso tenía que estar allí. Para vivirlo, aunque fuera como espectador. Aunque muchxs no lo entiendan, porque imponen sus ideas y su intolerancia. Y aunque mis fuerzas y mis recursos limitados me habían impuesto pancartas de cartulina y bolígrafo, aunque no perteneciera a ningún colectivo o tuviera que ir solo. Allí la inmensa mayoría no lo estaba, ni se lo hacía sentir a los demás, porque éramos todos y todas un solo grito, mudo o sonoro, de indignación. Solidaridad. Conciencia. Acción.

A las cinco y media, y frente a los ojos de la diosa Cibeles, ya esperaba en una plaza medio llena pero expectante, la llegada de las ocho columnas que, como en la anterior convocatoria del 24 de julio, confluirían en una sola por el centro de Madrid. Bajando desde la Puerta de Alcalá se veía una marabunta de personas que, como hormiguitas, avanzaban despacio pero inexorablemente hasta el punto de partida de la manifestación. El rumor y la emoción eran crecientes. También por el Paseo de Recoletos, y desde todos los puntos cardinales, como batallones de ciudadanos, se acercaban pacífica pero reivindicativamente. Un grupo de chavales informaba sobre unos ciudadanos palestinos detenidos arbitrariamente. Otrxs portaban banderas republicanas, nacionalistas, comunistas, e incluso había alguna de Islandia. Muchísimas pancartas y mensajes de todo tipo, a cada cual más inteligente y creativo: "No al terrorismo financiero", "Que no nos recorten los sueños", "Atrévete a pensar", "La revolución no será televisada", "Cobrar 600 euros sí es violencia", "Los problemas van en limusinas, no en pateras"... Cada uno abanderaba su pensamiento particular, pero todxs coincidían en un pensamiento global. Identificar las causas del fallo del sistema, y proclamar el descontento, y la necesidad de un cambio. Como dicen en Periodismo Humano, una referencia informativa desde los inicios del fenómeno 15M, no se trata en un principio de "cambiar la realidad, sino nuestra relación con la realidad". Y lxs que estábamos allí ya no nos creíamos más mentiras.
Entonces comenzó la manifestación. Millares de personas atestaban los cuatro carriles de Alcalá. Ahí no cabía un alfiler. Al llegar a la altura de Gran Vía, unos se desviaron por ésta y los demás seguimos por Alcalá. Pero tanto una vía como la otra andaban a rebosar. Los cánticos por todos conocidos, más otros hechos ex profeso para la ocasión, o espontáneos, individuales o colectivos ("No hay pan para tanto chorizo", "Que no, que no, que no nos representan", "Manos arriba, esto es un atraco", "Esta crisis no la pagamos", "Éstas son nuestras armas", manos en alto, "Menos armas, y más educación", "Televisión, manipulación", "Yo soy ilegal", "La voz del pueblo no es ilegal", y muchísimos más...). Pasamos junto al Ministerio de Educación y Ciencia, y la pitada fue unánime por los recortes que se están haciendo. Un chaval le chillaba por el móvil a su interlocutor que estaba frente a Educación y Ciencia. "Qué?" "Educación y Ciencia" "Qué???" Claro, era difícil creer que hubiera de eso en este país. Risas. Guiños cómplices. Ambiente festivo. Y mucha ilusión. De las cien personas que habían arrancado dos horas antes en la Marcha Norte, a las decenas de millares de personas que se habían juntado en Cibeles y que aún no se llegaron a contabilizar, pero atascaban todas las salidas e incluso calles contiguas, todo había cambiado. Del pesimismo y escepticismo que decía que la movilización y el espíritu iniciales habían decaído, tras la eclosión inicial y el parón del verano, a la ilusión renovada por los efectos ya visibles y tangibles de la llamada, todo fue un subidón de adrenalina que revitalizó la energía del 15M. La euforia sembraba una gran fiesta en Sol, abarrotado de nuevo como cinco, cuatro y tres meses antes. Nada se había destruido, sólo se había transformado. Para mejor. Alrededor de las ocho de la tarde ya no se podía entrar en Sol. Por megafonía se avisaba "Lo sentimos, pero el aforo de Sol ya está completo". Entonces la indignación se derramó por Carretas, Montera, Malasaña, Chueca y todas las calles y barrios adyacentes. Fue la mayor movilización de la corta historia del 15M, y desde fuera nos llegaban noticias de que estaban siendo secundadas masivamente también a nivel global.
A partir de ese momento, lo que sucedió en Sol sólo lo vivieron unxs pocxs afortunadxs, y lo sabemos por testimonios de amigxs, conocidxs, por relatos y vídeos que nos llegan a través de los medios, de los blogs...
La Solfónica, la orquesta del 15M, desplegaba sus instrumentos frente a la "ballena", la moderna boca de Metro de la plaza, abovedada y de cristal. La euforia daba paso al éxtasis y a las ocho y media de la tarde comenzaban los actos programados: miles de personas en una performance insólita quedaban en silencio y se echaban al suelo como muertos, para luego renacer al compás del último movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven. Un grupo de danza representaba la lucha del tirano contra las bondades del Ser Humano y de la Naturaleza. La música del Himno de la Alegría llenaba de alegría los corazones. Emoción, sonrisas, lágrimas. Asamblea, debate, micro abierto, turnos de palabra, libertad de reunión y de expresión, reuniones de las distintas comisiones y grupos de trabajo. Mas, después de la euforia, llegó la desorientación. Demasiada gente, difícil la organización. El corazón dejó paso a la razón. ¿Y ahora qué? La asamblea se había hecho ingobernable, caótica, por momentos tensa. Algunos no aceptaban la diversidad. Era muy difícil canalizar la energía levantada en tan poco tiempo, darle un sentido, aprovecharla sin que decayera o explotara. Unos marchamos, porque ya no sabíamos qué hacer allí. Otrxs se reunieron aparte, como los de Economía. Y unos tercerxs, un grupo de unas 300 personas, decidió tomar ("liberar") un hotel abandonado al lado de Sol, en Carretas, el Hotel Madrid. Propiedad de una inmobiliaria conocida por su gran actividad especuladora y actualmente en concurso de acreedores. Quieren cederlo a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, convertirlo en un espacio de utilidad social, o alojar en él familias desahuciadas, como ya se está haciendo en Barcelona. Y mientras, siguen los debates, el intercambio de experiencias y conocimiento, la socialización, la concienciación, la reflexión y la acción, con un amplio programa de actividades que se prolongará hasta el próximo domingo.
Quizás el sentido de toda esa energía era sentirnos vivxs, saber quién, y cuántos, éramos, mirarnos, escucharnos, sentirnos... Sólo una demostración de fuerza, para demostrar al poder político y financiero que existimos, y que somos legión. Dejar claro, como dijo el lema ya mil veces repetido pero tan cierto, que "no somos mercancía en manos de políticxs y banquerxs". A partir de ahí, cada uno hará la revolución en su casa, en su tierra, con su estilo de vida, poniendo en práctica en la medida de lo posible esa indignación y esas ansias de cambio. Pero ahora sabemos que no estamos solos.

